LA GUERRA EN YEMEN

Desde el 26 de marzo de 2015, Yemen, el país más pobre de Oriente Próximo, vive una guerra silenciada por el mundo, una guerra que más sería una invasión, donde los ataques indiscriminados, los bombardeos continuos, los drones, las bombas de racimo prohibidas internacionalmente, el “todo vale”, está siendo la norma y el día a día para los millones de civiles atrapados bajo el fuego que no discrimina entre fábricas, escuelas, hospitales, bodas, campos de refugiados…

Esta guerra tiene sus raíces en el levantamiento popular de 2011, aunque podríamos remontarnos a mucho antes, puesto que Yemen no ha logrado encontrar estabilidad y paz desde la unificación entre Yemen del Norte y Yemen del sur en los años 90. Y antes tampoco…

Pero la rebelión del 2011 sirve perfectamente como antecedente para intentar explicar las bases del conflicto actual. En ese momento, la estructura político-tribal, militar y política de Yemen estaba dividida en dos grandes fuerzas: El Congreso General del Pueblo (al-Motamar, la facción política del presidente Saleh) y al-Islah, que actuaba como paraguas para varios grupos islamistas: Incluyendo la Hermandad Musulmana y líderes tribales próximos a los clérigos wahabíes de Arabia Saudí. Al-Islah se había convertido en una extensión del poder de Arabia Saudí en Yemen, y así había llegado un momento en el que el país estaba gobernado tanto por Al-Ahmar como por Saleh.

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El levantamiento popular del 2011 durante las llamadas “primaveras árabes” es la respuesta del pueblo yemení ante esta situación, ante los cada vez mayores intentos de poner a Yemen bajo el poder de Riad y el wahabismo más extremo. El levantamiento obliga al presidente Ali Abdullah Saleh, que dominaba la vida política del país desde la unificación de Yemen en 1990, a abandonar el poder. Tras negarse a ello inicialmente, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) logra que acepte la dimisión, y transfiere sus poderes a su vicepresidente Al Hadi, pro-estadounidense y pro-saudí, con quién se inician los años de una fallida transición y de negociaciones y promesas que nunca se cumplen. Son años de corrupción, miseria, pobreza y represión.

Saleh debía ser la persona que liderara la transición de Yemen a las manos de Arabia Saudí, y de ahí el apoyo y protección que este país le había brindado hasta ese momento, pero algo había cambiado, Saleh había designado un sucesor, su hijo el general Ahmed Ali Abdullah Saleh, una figura muy querida para millones de yemenies, un hombre moderno y educado que ambiciona situar a su país fuera del control del wahabismo y de las luchas tribales. Arabia Saudí no puede permitir ésto… ellos quieren perpetuar el tribalismo y que el wahabismo se convierta en religión de estado en Yemen. El ascenso del general a la presidencia haría imposible todo lo anterior, así que Saleh se ha convertido en alguien no grato para Arabia Saudí, por lo que pronto es traicionado por Riad que apoya sin fisuras al Al-islah (Hermandad Musulmana).

Ante toda esta situación las protestas se extienden por todo el país rápidamente y los jóvenes manifestantes pronto se unen a los partidos de oposición establecidos, a los separatistas del sur de Yemen o al movimiento Houthi, un movimiento chiita zaydi renovador que surge en el año 2000 que trata de paliar la marginación de la minoría zaydi de Yemen y luchar contra la imposición del wahabismo por parte de Arabia Saudí. Su oposición al régimen de Saleh había derivado en violentos conflictos en seis ocasiones entre 2004 y 2010.

Durante el período de transición, este movimiento se hace cada vez más fuerte en la provincia de Saada, al norte de Yemen y así los houthis empiezan a extender su control hacia el sur con el apoyo activo de Saleh, el que había sido su acérrimo enemigo pero que se alía con ellos para sacar a Arabia Saudí de Yemen porque siente que también ha perdido todo su poder con el nuevo gobierno. Los huthies van ganando apoyos según empeora la situación política y económica en el país.

En enero de 2014 el gobierno de Al Hadi anuncia un plan para reducir los subsidios del gobierno sobre el combustible que aumenta su precio hasta un 90% , y la indignación popular se generaliza. Podríamos decir que esta es la chispa que enciende definitivamente la llama del actual conflicto.

Los houthis aprovechan este momento para entrar en la capital del país, Sana’a, y logran un acuerdo con los principales partidos políticos para establecer un conjunto de medidas que podrían haber iniciado de nuevo el proceso de transición: la formación de un nuevo gobierno de unidad, la retirada de los combatientes houthi de territorios que habían tomado, y una revisión de la estructura estatal de Yemen.

Pero ni el gobierno de Al Hadi ni los houthis cumplen con sus compromisos. Por el contrario, los houthis establecen un gobierno en la sombra y cuando Hadi trata de imponer un esquema de federalismo al que ellos se oponen y que claramente viola los acuerdos anteriores, el conflicto estalla. Después de meses de presión, Hadi y su gobierno renuncian en enero de 2015.

Inicialmente Hadi abandona Sana’a y se refugia en Adén, la antigua capital de Yemen del sur y segunda ciudad del país. Pronto se desdice de su dimisión y trata de recuperar el poder, pero en el momento en que los huthies y sus aliados toman Aden, huye a Arabia Saudí y allí pide ayuda al régimen de los Saud, que junto con 9 países árabes suníes (Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait, Jordania, Barhein, Sudan, Marruecos, Egipto y Turquía), y el apoyo logístico y de inteligencia de EEUU, Gran Bretaña y Francia, lanza contra Yemen la llamada “Operación Tormenta decisiva” una ofensiva aérea masiva con el objetivo declarado de restaurar el gobierno de Hadi y detener el avance de los Houthis, el movimiento chiita al que acusan de estar apoyado por Irán.

Es el 26 de marzo de 2015, y acababa de empezar formalmente LA GUERRA EN YEMEN.

En realidad, el objetivo principal de Arabia Saudí es frenar la expansión y el poder de Irán en la región, pero su interés va mucho más allá: el petróleo saudí se está agotando y no hay más reservas. El Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) había presentado en el 2012 un informe sobre las vastas reservas de gas y petróleo de Yemen en el Mar Rojo y del Golfo de Aden, además de los 3 mil millones de barriles de su subsuelo. Apoderándose de Yemen, Arabia Saudí garantizaría sus reservas de petróleo y gas, y podría hacerse con el control del Golfo de Aden y el paso de Bab-al-Mandeb, por donde circulan diariamente más de 4 millones de barriles de crudo con destino Europa y EEUU. Así evitaría el Estrecho de Ormuz, controlado por Irán.

Los objetivos de EEUU pasan por los pretextos de la lucha contra Al Qaeda mediante su programa de drones (aviones no tripulados) y el respaldo a Arabia Saudí para aliviar sus temores hacia Irán tras la firma del acuerdo nuclear, así como preservar los intereses de Israel en la región, puesto que Bab-el-Mandeb es el único enlace del Mar Rojo con el Océano índico. También evitar la expansión de China, que con su estrategia de “el collar de perlas”, tiene situadas varias bases militares en Djibouti, esperando su momento para avanzar…

Además Occidente quiere impedir cualquier cambio en Yemen que pueda afectar a la estabilidad de Arabia y por ende a la economía mundial. Su interés pasa por neutralizar la cada vez mayor influencia de China en la región, país con el que Yemen había negociado el alquiler de sus puertos como piezas clave en sus rutas marítimas. EEUU, Francia y Gran Bretaña quieren explotar el petróleo de las cuencas Masila y Shabwa de Yemen y proteger así las inversiones occidentales (Total, Hunt Oil Texas, Halliburton, Baker Hughes, o Schlumberger, que trabajan en la zona) quedándose con la producción petrolífera yemení y evitando que lo haga China (que recibía hasta ese momento un 8% del total de la producción).

Y cómo no, la venta de armas. Tanto EEUU como la mayor parte de países europeos (véase España, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Noruega) y otros como Canadá, Brasil o Australia quieren seguir vendiendo armas a un región que se conforma como el principal destino de las armas del mundo. Arabia Saudí es el segundo mayor importador mundial de armas y ningunos de los países nombrados está dispuesto a perder los millonarios beneficios que este negocio conlleva.

Los intereses de EEUU también se relacionan con su imagen internacional. Entrenar a los pilotos saudíes para el correcto manejo de los aviones de guerra reducirá las bajas civiles estadounidenses durante los ataques y evitará la presencia de tropas americanas sobre terreno yemení. Lograrán sus objetivos, pero de cara a la comunidad internacional, “lo habrán hecho los saudíes”.

A partir del inicio de la guerra, todos los intentos de poner fin al conflicto han terminado en fracaso.

Las conversaciones en Kuwait entre los bandos opuestos fracasaron en agosto del 2016. El punto de fricción fue un acuerdo patrocinado por la ONU que propuso un diálogo político entre las facciones en guerra una vez que los rebeldes houthi se retiraran de Sana’a y entregasen sus armas pesadas a un comité militar, formado por Hadi. Los houthis lo rechazaron, insistiendo en un nuevo gobierno de unidad que terminaría con eficacia con el mandato de Hadi. La propuesta de la ONU era en realidad la propuesta saudí…

Otros esfuerzos similares también han fracasado. El 16 de octubre se anunció un alto el fuego de 72 horas, pero a penas si duró unas horas y la la lucha se reanudó tan pronto como transcurrió el período de tres días. Un alto el fuego de 48 horas en noviembre el año 2016 tuvo un final similar.

La solución política no parece próxima y según pasan los meses, la situación se enquista más y más. Hadi ofrece ruedas de prensa en las que informa de que ya han recuperado el 80% del territorio yemení, pero la realidad al mirar en los mapas los avances de los dos bandos es que la mayoría de la población vive en las zonas controladas por los houthis. Gran parte de las zonas que Hadi dice recuperar son áridos desiertos o zonas con muy poca población.  En septiembre de 2015, las fuerzas pro Hadi recuperaron la ciudad de Aden, pero desde entonces, los ataques de las milicias yihadistas se suceden sin pausa, sin olvidar que Aden es el núcleo de las fuerzas separatistas sureñas, eternamente ninguneadas en este conflicto y jamás convocadas a las mesas de negociación (tampoco los representantes de las tribus de diferentes zonas del país) y cuyo objetivo es claro: la independencia del sur. Para ello, hacen y deshacen tantas alianzas como crean necesarias,

El movimiento houthi con sus aliados, los partidarios de Saleh, tienen cada vez más apoyo popular, independientemente de la rama del Islam que practiquen. Gran parte de los yemeníes quieren simplemente que la guerra termine y que Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Occidente abandonen su territorio. En las manifestaciones multitudinarias, el grito en las calles de Sana’a es unánime: fuera el imperialismo, DEJEN DE MATAR A NUESTROS NIÑOS. Stop war.

Durante los últimos meses de 2017 la situación en Yemen se ha hecho cada vez más y más compleja.

A los bombardeos indiscriminades de la coalición liderada por Arabia Saudi que apoya a Hadi, se ha sumado un movimiento separatista del sur cada vez más fuerte, apoyado por Emiratos Árabes, que aunque formalment forman parte de la coalición y son aliados de los saudíes, tienen sus propios clientes locales y su propia estrategia militar, y un interés desmesuarado por apropiarse el sur del país y la isla de Socotra.

A todo ello, el “matrimonio de conveniencia” entre los huthis y Saleh se ha ido resquebrajando a medida que Saleh juega a todos los bandos. Su objetivo está claro: recuperar el poder (para él o para su hijo, exiliado en Emiratos Árabes), y para ello no tiene ningún miramiento en hacer alianzas con quién le interese en cada momento, y aprovecharse de su capacidad de pactar con las tribus locales para vender la imagen de que él es el único que puede sacar a Yemen de esta guerra y de la situación humanitaria que vive.

Actualización diciembre 2017

ASESINATO DE SALEH

Alí Abdulá Salé fue dictador en Yemen durante 22 años (antes otros doce años al frente de Yemen del Norte),impulsor de la reunificación del país y firme aliado de EEUU y Arabia Saudí.

Durante sus años como presidente, sus enemigos acérrimos fueron los huthies (con los que acabaría pactando en una alianza de conveniencia al iniciarse la guerra en 2015 para luchar contra su sucesor e intentar recuperar el poder, enfrentándose así a los saudíes y los estadounidenses, antaño sus socios en Yemen). Saleh fue derrocado por los movimientos sociales de la Primavera Árabe y obligado a exiliarse a cambio de asegurar protección para su fortuna y a la promesa de no ser jamás juzgado por sus crímenes, y desde entonces, movía las fichas de su particular partida de ajedrez en este tablero tan complejo.

Su objetivo era claro: recuperar el poder como fuese, aunque para ello tuviese que aliarse con sus eternos enemigos.

Pero la última semana de diciembre de 2017 dio la orden a la parte del ejército que aún le era fiel que iba a cambiarlo todo: atacar a los hutíes y expulsarlos de la capital, Saná, dinamitando la alianza con ellos y convirtiéndose en “traidor” para el movimiento huthi.

A la vez tendió una mano a los saudíes, ofreciéndoles una salida heroica a esta guerra que están perdiendo sin remisión, a cambio de terminar con los bombardeos y permitir la entrada de ayuda para la población. De esta manera, se aliaba de nuevo con sus viejos amigos, pero además ganaba más y más adeptos entre la población, que cansada y agotada después de casi 3 años de guerra, hacían declaraciones del tipo: “al menos con Saleh no teníamos guerra”, “Saleh sería un dictador y corrupto, pero nuestros niños podían ir a la escuela sin el peligro de una bomba en su cabeza”

Pero los huthis no iban a permitir ese movimiento en el tablero. Dos días después de la orden dada por Saleh, él y el 2º y 3º en su partido, estaban muertos a manos de sus anteriores socios. Con 75 años, ´la ambición sin medida y un peligrosísimo juego de alianzas, le hicieron acabar como terminaron antes muchos de sus enemigos.

Las décadas de gobierno autocrático de Salé no pueden separarse de la guerra actual por más que la intervención exterior de varios países haya contribuido de forma decisiva a alargar el conflicto.

En 2004 el fundador del movimiento hutí, Hussein al-Houthi, fue asesinado por soldados yemeníes por orden de Saleh. Ahora ellos se han cobrado la venganza.

Nadie sabe con seguridad qué ocurrirá ahora en Yemen, pero todos los pronósticos son pesimistas. Posiblemente muchos más enfrentamientos entre todas las partes, más muerte, más emergencia humanitaria… y mayor intervención extranjera. La muerte de Saleh, aunque inicialmente pueda parecer que enfortece a los huthis, en realidad puede llevar a una pérdida de apoyo social para ellos por parte de aquellos que creían que Saleh los sacaría de la guerra y que les apoyaban porque Saleh estaba de ese bando, pero que una vez asesinado Saleh pueden volverse en contra del movimiento. Eso debilitaría aún más al país y permitiría que las grandes potencias se adueñen ahora si, del territorio.

Es muy probable que los huthis hayan perdido muchas opciones no solo de ocupar el poder en Sana’a, sino incluso de lograr algún reconocimiento nacional e internacional a sus reiteradas demandas para salir de la marginación en la que llevan décadas sumidos. Sin los apoyos militares que aportaba Saleh  no solo carecen de fuerzas suficientes para ello, sino que previsiblemente se encontrarán ahora con un mayor rechazo a sus planteamientos por parte del resto de actores yemeníes temerosos de sus ansias de protagonismo.

La muerte de Saleh significa también que Mohamed Bin Salman, el hijo del rey saudí que lidera la invasión militar saudí en Yemen, se queda repentinamente sin baza alguna en el país a corto plazo y sin posibilidad de neutralizar la creciente influencia de Irán en un territorio que Riad siempre ha considerado su patio trasero. El reciente lanzamiento de dos misiles balísticos desde zonas controladas por los huthis contra objetivos saudíes y emiratíes es una buena prueba de la incapacidad saudí para neutralizar a un enemigo que se atreve incluso a atacar localidades saudíes fronterizas y, al mismo tiempo, del fracaso de Riad en el terreno estrictamente militar.

Y en todo este panorama, Occidente se encarga de ocultar y silenciar lo que allí sucede, haciéndonos creer que se trata de una guerra más “entre sunitas y chiitas”, y eso no es cierto. Dejó de serlo en el momento en el que el conflicto se internacionalizó, y Occidente entró de lleno en la guerra, con sus negocios e intereses propios.

Por ahora la violencia parece que va a continuar. Al mismo tiempo, el país se enfrenta a una crisis humanitaria de proporciones extraordinarias que el bloqueo de los puertos y aeropuertos del país por parte de Arabia Saudí y sus aliados exacerba día a día. Yemen se ha convertido en un infierno de proporciones bíblicas del que es casi imposible salir. No veréis refugiados yemenís en las costas europeas, no llegan, no existen. El bloqueo y ser uno de los pueblos más míseros del mundo, lo impide. Nadie tiene el dinero para pagar a las mafias, nadie piensa que Europa sea la panacea. Ellos antes emigraban hacia los países árabes que ahora les bombardean, o hacia Djibouti, Somalia, Etiopia… Ahora, ni eso es posible.

Actualización diciembre 2018

PENDIENTE

SITUACIÓN HUMANITARIA

En Yemen se vive una guerra desde hace más de 2 años. Esta guerra silenciada por el mundo occidental, ha convertido al país en la mayor emergencia humanitaria del mundo.

 

ALGUNOS DATOS:

 

  • Más de 21 millones de personas (el 83% de la población) necesitan ayuda humanitaria urgente.
  • 3 millones y medio de desplazados internos.
  • 475.000 niños sufren desnutrición aguda
  • Más de 85.000 niños muertos o heridos
  • Más de 60.000 adultos muertos o heridos
  • 1 niño muere en Yemen cada 10 minutos, 144 al día.

    Antes de la guerra, Yemen ya era el país más pobre de Oriente Próximo, y dependía en un 90% de productos externos y de la ayuda humanitaria para sobrevivir. Ahora, con el bloqueo que sufre el país por parte de Arabia Saudí, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Emiratos Árabes, la situación se ha vuelto una CATÁSTROFE.

    FUENTE; The world news (según datos de Save the Children), 22/11/2018

 

Los datos que llegan desde Yemen son terribles: 60.000 adultos  y 85.000 niños muertos y heridos, y parece que en realidad, las cifras serían mucho más altas, puesto que en un país tribal y de difícil acceso a muchas de las zonas más aisladas, muchos de los muertos se entierran de forma rápida, sin contabilizar y sin que dé cuenta de ellos ningún ministerio.

La mortalidad infantil se ha disparado por falta de alimentos, agua potable y medicinas. Yemen ha hecho un retroceso en el tiempo, y el grado de malnutrición de muchos niños no se vivía en el país desde hacía más de 10 años. Según  UNICEF, 1 niño muere en Yemen cada 10 minutos, 144 al día, por enfermedades prevenibles y tratables como el cólera, la tos ferina, las diarreas, la deshidratación aguda… Muchos otros sufren amputaciones y heridas graves de diversos tipos por minas anti-persona, bombas sin estallar…

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Hay 3 millones y medio de desplazados ( y la cifra aumenta cada día), muchos de ellos viviendo en campos de refugiados que proliferan a lo largo y ancho de todo el país sin servicios de ningún tipo.

475.000 niños sufren desnutrición aguda y más de medio millón de embarazadas están en riesgo severo de morir por la falta de alimentos o complicaciones durante el parto por su precaria situación de salud.

Se bombardean puertos, aeropuertos, torres de telecomunicaciones, carreteras, puentes, escuelas, hospitales, universidades, gasolineras, instalaciones de agua, estaciones eléctricas, almacenes, fábricas, centros comerciales, granjas… todo vale en esta guerra.

La coalición de países árabes apoyada por Estados Unidos y varios países europeos ha lanzado bombas en bodas, entierros, mercados… Algunas de las mayores masacres, como el bombardeo sobre un funeral que mató a 140 personas e hirió a más de 500, han sido sistemáticamente ignoradas por el mundo, que no le ha dedicado más allá de unos segundos de atención.

Los alimentos y el agua potable escasean en Yemen (el agua debe extraerse mediante perforación del suelo y no hay combustible para ello) o los precios se han disparado (el precio del trigo y del arroz ha subido un 44%, la gasolina un 180%, algunos productos incluso han incrementado en un 200% su precio). Las medicinas no son suficientes para los miles de heridos que hay (más de 40.000 enfermos de cáncer no tienen acceso a tratamiento), más de 3000 escuelas han cerrado y muchas han sido bombardeadas, los bancos no tienen dinero, las empresas han dejado de funcionar y los trabajadores no han cobrado el salario desde hace más de 1 año y medio.

Todo esto conlleva que, por ejemplo, el número de niños sin escolarizar haya aumentado de 1 millón antes del conflicto, a más de 4 millones. A los que no pueden ir a la escuela porque ya no existe o porque su familia se ha visto obligada a desplazarse de su lugar de residencia habitual, hay que sumar todos los que no van por miedo a un posible bombardeo, puesto que éstas se han convertido en blanco de muchos de los ataques. 1 ó 2 generaciones de yemeníes dejan de tener acceso a la educación, a un futuro mejor, a desarrollo y crecimiento personal y profesional, y se convierten en potenciales víctimas de abusos, raptos, mendicidad, tráficos diversos, mafias de todo tipo, grupos radicales…

LOS CICLONES

Una breve introducción…

Socotra es desconocida. Socotra está aislada y no sale en las revistas de viaje ni en las guias. Socotra pertenece a Yemen, pero es apenas una mancha en el mar de Arabia que sólo unos pocos tenemos el enorme gusto de haber visto en persona. Otros pocos la han soñado a través de imágenes o del libro de Jordi Esteva “Socotra, la isla de los genios”, pero la realidad es que si tu preguntas a alguien ¿sabes algo de Socotra?, la mayoría responderán ¿de qué?

Por eso cuando los 2 ciclones la arrasaron en noviembre de 2015, en Solidarios sin Fronteras, no podíamos dejar de intentar lo que de entrada parecía casi imposible: ayudar a reconstruir esa isla maravillosa.
Contactamos con el fotógrafo naturalista Oriol Alamany y el escritor Jordi Esteva, y decidimos lanzarnos a hacer lo increible, lo inverosimil, lo inimaginable: conseguir dinero para reconstruir casas en un lugar que el 99% de la  población mundial, no conoce… Era como pedir ayuda para un planeta desconocido, o para salvar una especie de animal que nadie ha visto… Pero en Solidarios sin fronteras estamos acostumbrados a los proyectos difíciles, así que dijimos, VAMOS ALLÁ!

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Los ciclones

En noviembre de 2015, 2 ciclones, el Chapala y el Megh, se formaron en el Mar Arábigo, en las costas de Omán, e impactaron en las costas de Yemen y la isla de Socotra situada frente al Golfo de Adén. No se tenía constancia de un fenómeno igual en la zona desde 1945, y según los registros del Centro Nacional de Meteorología, Chapala fue el más potente que se haya registrado en el mar Arábigo hasta ahora.

Ambos arrasaron y devastaron la maravillosa y única isla de Socotra, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que vio como en pocos días, su paraíso natural protegido era destruido y severas inundaciones se llevaban a su paso vidas humanas, casas, ganado, y flora y fauna única en el mundo.

El huracán Chapala llegó a la isla de Socotra la tarde-noche del 2 al 3 de noviembre, y aprovechándose de las temperaturas más cálidas jamás registradas en el Mar Arábigo en esa época del año, se intensificó hasta convertirse en un ciclón de categoría 4 con vientos de 249.5 km por hora. A la gente de Socotra, el Chapala les tomó por sorpresa, pero lo peor aún estaba por llegar, porque apenas 6 días después, el 8 de noviembre, y sin tiempo apenas para que los socotris intentaran recuperar la normalidad de sus vidas, un 2o huracán, el Megh, llegaba a las mismas costas convertido en un ciclón de categoría 3, y acababa de devastar la zona y específicamente, la isla.

Los socotris jamás habían vivido nada igual.

En una isla de apenas 40.000 habitantes, donde la mayoría viven de la ganadería y de la pesca, en casas de piedras y cemento o directamente en cuevas en las montañas, sin apenas electricidad ni conexión con el resto del mundo, los dos ciclones vinieron a empeorar aún más la situación de aislamiento y falta de suministros que la isla sufre desde el 26 de marzo del 2015, cuando la guerra en Yemen comenzó.

Socotra, que aún estando muy distante de las costas de Yemen (más cercana a Somalia que a él) pertenece a ese país, depende en un 90% de los alimentos y productos externos que principalmente llegan desde Sana’a, la capital yemení, pero desde el inicio de la guerra la isla quedó sin acceso, sin llegada de los aviones semanales que traían los alimentos, sin carburante, sin gas para cocinar, sin turismo y sin entrada de dinero. Y los 2 ciclones seguidos, dejaron a la población en una situación de necesidad aún mayor.

Varias personas murieron y algunas desaparecieron con sus barcas en el mar, miles de casas se derrumbaron o fueron severamente dañadas por los vientos y las inundaciones, se perdieron muchas cabras y animales de granja (base del sustento yemení), se destruyeron muchísimas barcas y la pesca se retiró durante semanas de la costa, y el ecosistema único de la isla se vio seriamente afectado, con árboles arrancados de raíz, corales destruidos, miles de peces y estrellas de mar muertos en las playas, y caos por todas partes.

La única carretera de la isla también quedó intransitable, y los cientos de caminos que recorren la isla desaparecieron arrastrados por las inmensas lluvias e hicieron que la población que vive en zonas más remotas de montaña, quedase absolutamente incomunicada. 14.000 personas en la isla perdieron su hogar.

El paraíso se había convertido en infierno en apenas una semana, y los socotris, una población desconocida para la mayoría del mundo, necesitaban urgentemente que el mundo les tendiese una mano.

ELTIEMPO.ES

Mengh avanza hacia el oeste por el Mar Arábigo; Imagen del VIIRS de la NOAA, 4 noviembre de 2015 (imagen extraída de eltiempo.es)

Predicción de la trayectoria del ciclón tropical Megh. Joint Typhoon Center (imagen extraída de eltiempo.es)

huracansLas imágenes que mostramos a continuación son el resultado de la devastación después de las catástrofes metereológicas Chapala y Megh:

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